Cuando "crear es resistir"

La producción del artista no disminuyó en los años de la guerra, aunque los acontecimientos políticos y sus consecuencias materiales lo perjudicaran enormemente. De hecho, Picasso realizó más de 300 óleos, cinco veces esta cantidad de dibujos, estudios y óleos sobre papel, así como un número considerable de ilustraciones (grabados o litografías, por ejemplo), desarrolló la escultura (una muestra increíble es su Hombre con cordero de febrero de 1943) y consiguió hacer fundir en bronce escayolas antiguas transportándolas de noche a las fundiciones, en una época en la que los alemanes requisaban los metales para fabricar cañones. Como recuerda Laurence Bertrand-Dorléac, para Picasso, «crear es resistir» (cat. exp. L’Art en guerre, MAMVP, 2012, p. 128). El artista español, aunque le hubieran denegado la nacionalidad francesa en 1940, no quería ni exiliarse a América ni volver a la España franquista. Se refugió en Royan entre 1939 y 1940, pero resolvió volver a París a finales de 1940. Allí pasaría todos los años de Ocupación, en su estudio de la calle Grands Augustins, donde trabajaba desde 1936 y donde realizó la obra maestra del Guernica en 1937, abandonando así por comodidad su apartamento de la calle La Boétie, del otro lado del Sena. Como era extranjero, tenía que pedir autorización para desplazarse. Durante toda esta época, Picasso se libró de los nazis indudablemente gracias a la protección del artista alemán Arno Breker, escultor oficial del Reich y amigo de Jean Cocteau. Pero eso no impediría las amenazas de la Gestapo por tratarse de un líder del arte moderno, y se le prohibió exponer su obra porque estaba considerada como "arte degenerado". Françoise Gilot cuenta que los alemanes llamaban a menudo a la puerta del estudio con la excusa de la persecución de Lipchitz y la intención de averiguar si Picasso era judío, y registraban su desordenado taller en busca de papeles comprometedores. En ese clima tan hostil, el verano de 1943 resultaría particularmente difícil: en abril los nazis ordenaron la retirada de un lienzo de Picasso de una exposición de la Galería Charpentier, y en julio Rose Valland, agregada de conservación en el Museo del Jeu de Paume (entonces almacén de las obras saqueadas por los nazis), asistió a la quema de 500 obras de arte «degeneradas», entre las que había pinturas de Picasso, de Léger y de Miro. La casa de su galerista Daniel-Henry Kahnweiler, entonces escondido en la región de Lemosín, fue registrada por la Gestapo, obligando a este último a huir otra vez a Lot y Garona. Aunque Kahnweiler ya no podía trabajar, Picasso recibía regularmente noticias suyas por boca de la cuñada del marchante, Louise Leiris, que se había quedado en París, había readquirido la galería y seguía comerciando con cuadros. A principios de agosto, el artista Chaïm Soutine moría en París de una úlcera perforada. Picasso y Jean Cocteau, ignorando el peligro de ser vistos en el entierro de un judío ruso, asistieron a su funeral en el cementerio de Montparnasse. 

 

En semejante contexto, el artista se refugia en el arte, creando bodegones con calaveras de colores más oscuros tales como el Bodegón con calavera y jarra, del 15 de agosto de 1943 [Colección particular, Z. XIII, 90], y bustos de mujeres desestructurados cuya cara se transforma progresivamente en calavera, como en el aterrador Busto de mujer sobre fondo gris del 6 de julio [Nationalegalerie, Berlín, Z. XIII, 37]. En la esfera privada, Picasso estaba bastante aislado, y el verano de 1943 marcó una transición en su vida amorosa. La relación que mantenía con la fotógrafa surrealista Dora Maar desde el verano de 1936 se marchitaba. Picasso, al principio seducido por el inteligencia, la belleza y el fuerte carácter de la joven, ya no aguantaba más sus crisis excesivas y sus ataques de celos. A la posesiva Dora Maar le costaba mucho tolerar la presencia subyacente de la joven amante Marie-Thérèse y de su hija Maya, nacida en 1935. Además, Picasso ya tenía otra musa en mente. En mayo conoció a Françoise Gilot en El Catalán, el restaurante próximo a su estudio al que iba a menudo, antes de que los nazis ordenaran su cierre. La joven, que también era pintora, ya lo había visitado varias veces en su estudio de Grands Augustins. Todavía no había sucumbido a los encantos del maestro, pero él estaba obsesionado con ella. Aunque no exista ningún testimonio directo de este mes de agosto de 1943, sabemos que Françoise Gilot se refugió en la zona libre en julio y no volvió a ver a Picasso antes de noviembre de 1943. Según James Lord, en esa época fue cuando Dora Maar empezó a tener alucinaciones y cayó en una depresión; le era muy difícil tolerar la doble vida de Picasso y con la aparición de esta nueva rival se vino abajo. Mientras tanto, Picasso seguía viendo a su hija y a Marie-Thérèse, como refleja un magnífico retrato de Maya con lápices de colores, pintado el 29 de agosto de 1943 [Colección particular, Z.XIII, 94]. Este delicado retrato de la niña, perfectamente realista, aparece como un paréntesis luminoso en la producción de estos años. 

 

Pablo Picasso, 1937, Z. IX, 235, Centro de arte Reina Sofia
Pablo Picasso, 15 de agosto de 1943, Z. XIII, 90, Colección particular
Pablo Picasso, 6 de julio, Z. XIII, 37, Nationalegalerie, Berlin