En La Nouvelle Critique, órgano del PCF, cuyo subtítulo era Revue du marxisme militant, M’hamed Issiakhem (1928-1985) publicó, en un número de 1960 dedicado a la creación argelina, un texto sobre la pintura. En él, recordaba que la pintura de caballete había llegado con los franceses y que los pintores orientalistas impusieron un estilo cuyas fuentes no eran argelinas, e insistía asimismo en que el colonialismo era una forma de oscurantismo. La vanguardia argelina, a la manera de Issiakhem o de Mohammed Khadda –y más allá de ellos, toda la Argelia que luchaba por su independencia–, mantuvo un fuerte lazo afectivo con Picasso. El compromiso de Issiakhem en su pintura se concretó en la representación de combatientes aunque también en la de dolorosas figuras femeninas. En cuanto a Khadda, el cartel de Chile, recogido en la exposición, resulta elocuente al celebrar la solidaridad internacional y afirmar la oposición a la dictadura, sea del tipo que sea.
A petición de Gisèle Halimi, Picasso realizó en diciembre de 1961, a partir de una fotografía, un retrato a carboncillo de Djamila Boupacha. Retrato que serviría de frontispicio para el libro que la propia Gisèle Halimi y Simone de Beauvoir publicaron en Gallimard en 1962. Miembro del FLN, Djamila Boupacha pertenecía al grupo de jóvenes combatientes acusadas de poner bombas en lugares frecuentados por los franceses en Argel. Detenida el 10 de febrero de 1960, fue torturada y violada durante su interrogatorio. Llevada a prisión, se enfrentaba a la pena de muerte. La abogada Gisèle Halimi se encargó de su defensa a partir de mayo de ese mismo año y Simone de Beauvoir publicó en Le Monde, el 2 de junio, el artículo «Pour Djamila Boupacha» [En apoyo de Djamila Boupacha], que se hacía eco del libro Pour Djamila Bouhired escrito por Jacques Vergès y Georges Arnaud. Djamila Boupacha fue puesta en libertad sin llegar a juicio el 24 de mayo de 1962 tras los acuerdos de Evian.
Picasso, como atestiguan los numerosos documentos que fue guardando a lo largo de su vida, simpatizó con la lucha del FLN. Mohammed Khadda escribió en Éléments pour un art nouveau [Elementos para un arte nuevo] respecto a la situación argelina: «En Francia, Picasso fue acusado de ser un extranjero; aquí a nosotros se nos acusa de ser Picassos», destacando así el carácter tanto formal como existencial y político de la proximidad entre Picasso y los artistas del mundo árabe.