Desde la llegada de Picasso a Barcelona en 1895, el paisaje urbano se convirtió en uno de sus focos de atención. La visión de la ciudad a cielo abierto había sido tratada con anterioridad en apuntes a color de pequeño formato, pero fue tras su primer viaje a París cuando la perspectiva de las grandes avenidas y las cubiertas abuhardilladas a dos aguas, tan diferentes a las azoteas horizontales del Mediterráneo, captaron su curiosidad, quedando plasmadas en obras más ambiciosas, como Tejados azules (fig. 4, p. 20), la vista del bulevar de Clichy o la de la Riera de Sant Joan.
En Azoteas de Barcelona, Picasso eligió un formato horizontal de 71 x 111 centímetros, que no correspondía a ninguna medida estándar, para hacer una lectura panorámica de la ciudad, con un tratamiento muy alejado de las obras que había llevado a cabo antes sobre el mismo tema. Esta es la de mayores dimensiones[1] y también la más sintética y contenida, sin concesiones técnicas a la textura ni al color.[2]
[1] Otras versiones son el cuadro homónimo Azoteas de Barcelona (MPB 110.020) y un pequeño apunte oculto por la pintura (MPB 110.026), visible solo en la imagen radiográfica, que en la actualidad está en proceso de estudio.
[2] A diferencia del mencionado Azoteas de Barcelona (MPB 110.020), en que usó una tela pintada por ambos lados. El estudio radiográfico evidenció que el artista había reciclado un lienzo con la capa pictórica muy alterada.