El objetivo de esta exposición es ahondar en el proceso creativo de unos años, compartidos entre París y Barcelona, que fueron capitales para la producción picassiana. El paralelismo entre el proceso pictórico y vital de un artista como Picasso no puede dejar de tenerse en cuenta. No es suficiente con conocer y difundir su obra, es imprescindible también profundizar en su vida, sin dicotomía alguna, para conocer cómo efectuó sus creaciones y bajo qué circunstancias.
La etapa que transcurre entre el primer contacto de Picasso con París y su establecimiento definitivo en aquella ciudad, en abril de 1904, es un marco temporal estrecho pero con una producción en extremo prolífica y original, en la que se plasma con claridad la transición del alegre cromatismo de 1901 hacia los azules de 1902-1904. Si bien hoy conocemos las grandes obras realizadas durante aquellos cuatro años de intenso trabajo, otras muchas quedaron fuera de la vista del público, sepultadas bajo capas de pintura y reconvertidas en nuevas composiciones, contemporáneas o correspondientes a períodos posteriores del autor.
Un ejemplo de ello es Azoteas de Barcelona, lienzo que Picasso conservó en su colección particular[1] y que pasó a los fondos del Museu Picasso de Barcelona en 1991.[2] El descubrimiento de una composición subyacente oculta vinculó de forma definitiva esta pintura con una de las obras clave del período azul, La Vida, al tiempo que confirmaba la persistencia de la característica paleta cromática de 1901 en coexistencia con las obras azules.
[1] Véase la foto datada en 1915-1916 del estudio de la calle Schoelcher de París (fig. 6, p. 23).
[2] Véase el texto de Malén Gual en este mismo catálogo.