Pintó el Bodegón con paleta y cabeza de toro en diciembre de 1938, en una época convulsa como ninguna. En marzo, la Alemania nazi se anexionaba Austria; en septiembre, Checoslovaquia era sacrificada en beneficio de la Ocupación por las tropas alemanas, mientras que a principios de noviembre se producía el Pogromo contra los judíos del 3er Reich en la Noche de los Cristales Rotos. En el sur de Europa, la Guerra Civil española causaba estragos, las tropas del general Franco ganaban terreno y estaban a las puertas de de Cataluña mientras que las Brigadas Internacionales de voluntarios —que apoyaban al bando republicano— abandonaban España. Aunque Picasso rechazaba hacer comentarios, estaba seriamente preocupado por los acontecimientos en España, donde su madre agonizaba. El artista apoyó a los republicanos desde el principio de la Guerra Civil. En enero de 1937 había aceptado el encargo de una pintura mural para el pabellón español de la Exposición Internacional de París. En principio, el proyecto debía tratar el tema del artista y su modelo, pero sería radicalmente transformado después del bombardeo alemán de la villa de Guernica el 26 de abril de 1937. En un mes, Picasso realiza su mayor obra maestra: una gran composición alegórica que denuncia los horrores de la guerra. En mayo de 1937, el director del Museum of Modern Art de Nueva York, Alfred Barr, afirmaba que Picasso había declarado lo siguiente: «En la pintura mural en la que estoy trabajando, y que titularé Guernica, y en todas mis últimas obras, expreso claramente mi repulsión hacia la casta militar, que ha sumido a España en un océano de dolor y muerte». En esta obra, que se ha convertido en un icono del sufrimiento humano más allá de la Guerra Civil española, el artista vuelve a sus temas recurrentes: la maternidad, la pareja del toro y el caballo, la mujer que sujeta una vela, el guerrero. Ejecutada con la técnica del claroscuro, la pintura se basa en fotografías en blanco y negro: al principio en las imágenes de la masacre publicadas en la prensa, luego en el reportaje fotográfico de Dora Maar sobre la obra durante su ejecución, encargado por Picasso para estudiar mejor y hacer evolucionar la composición. El carácter monocromático del panel final traduce sobre todo la deshumanización de esta escena de horror.
Su amigo Roland Penrose comentaría entonces: «evita la distracción estética que el color le habría podido aportar, y restringe el conjunto de la pintura a los límites del blanco y negro».
Ante el bodegón Paleta y cabeza de toro, la comparación con el Guernica es inevitable. Picasso lo pintó el año siguiente en blanco y negro, utilizando una economía de medios similar. En cuanto a la iconografía, la imponente cabeza de toro recuerda a la del fresco: la boca en la misma posición y la nariz que confiere al animal un grito mudo, los ojos en la misma posición, de frente y de perfil a la vez. La materia pictórica se depura aún más, las formas de la composición quedan trazadas por una sencilla línea negra y el fondo se trata con una pintura totalmente diluida en aguarrás. Hay que tener presente que en esa época costaba mucho encontrar materiales, de ahí el uso de aguarrás como diluyente, aunque aquí Picasso opta deliberadamente por no utilizar nada más que negro. La obra es la última de una serie, de cinco bodegones con una paleta y una cabeza de toro o de Minotauro colocadas sobre una mesa, realizada entre el 4 de noviembre y el 10 de diciembre de 1938. Por su composición, su estilo y su carácter monocromático, Paleta y cabeza de toro se desmarca de la serie y recuerda la radicalidad del Guernica. Los cuatro primeros lienzos presentan colores chillones y un fondo próximo al estilo cubista tardío del artista. Probablemente los pintó todos en el estudio de Tremblay sur Mauldre que montó en la casa de su marchante Ambroise Vollard. Este último le había dejado su casa, situada unos 50 km al suroeste de París, para que Picasso estuviera a salvo de las miradas curiosas y de los acontecimientos inquietantes con su joven amante Marie-Thérèse y su hija Maya, nacida en 1935. El artista, oficialmente separado de su mujer Olga desde 1935, visitaba regularmente a esta nueva familia y allí podía trabajar con tranquilidad. Allí desarrolló, a partir de 1936, una serie importante de bodegones con jarra y frutas delante de una ventana, serie que desembocaría en la obra de transición Busto de Minotauro delante de una ventana de abril de 1937 [Colección particular, Z. VIII, 360] y que anunciaba la metamorfosis del artista en Minotauro.