A principios de la década de 1960, la pareja Cuttoli-Laugier piensa dejar la calle Babylone para retirarse en el cabo de Antibes. Interrogada por una periodista de Réalités acerca del futuro de su fabulosa colección, Marie Cuttoli responde: «No pienso comerciar con lo que he ido reuniendo aquí, pieza a pieza, a lo largo de los años. Mis obras no se van a dispersar en salas de subastas, diseminadas por el mundo. Todo lo que hay en esta casa […] acabará en los museos franceses. Ya que hemos tenido la suerte de conocer a estos gigantes, lo justo es que algún día también se puedan beneficiar los demás»[1]. Deciden donar parte de sus Picassos al Museo Nacional de Arte Moderno: cinco lienzos, cinco papeles encolados, una aguada, dos dibujos y una acuarela. Ocho de los cuadros pertenecen a Marie, seis a Henri Laugier. Henri Laugier escribe a Jean Cassou a propósito de esta donación: «El texto de la donación indica que damos esos cuadros a los Museos Nacionales […]. Evidentemente, eso significa que los Museos Nacionales son sus propietarios sin condiciones y que pueden dispersarlas […]. Pensamos que deberíamos poder indicar en “el escrito” que esos cuadros constituyen un pequeño conjunto que no puede ser físicamente dispersado […] y debe reunirse, si no en una sala exclusiva para él, por lo menos en un panel de una sala dedicada a la pintura de esa época. Son unos deseos un poco “frívolos”. Pero hay que ser indulgente con las ideas raras de aquellos elegidos por lo que Jean Perrin llamaba “la gran melancolía de las existencias que tocan a su fin” y que se preocupan sentimentalmente de cosas que, dentro de poco, no tendrán ninguna importancia para ellos y, sin duda, ningún significado para nadie»[2]. La donación está compuesta principalmente por obras de la época cubista y comprende un conjunto excepcional que abarca los años comprendidos entre 1910 y 1914. Cinco de ellas son papeles encolados. Tres de las cuatro piezas posteriores que ofreció Marie Cuttoli parecen cartones de tapices.
Estas son las obras donadas por la pareja: Bodegón Quien, 1911-1912, carboncillo sobre lienzo enlucido; Botella de Marc añejo, 1912, carboncillo, papel encolado y con alfileres; Botella y periódico sobre una mesa, 1912, carboncillo, papel encolado y aguada; Violín, vaso y botella, 1912-1913, lápiz y lavis sobre papel; Cabeza de hombre con sombrero, 1912-1913, carboncillo y papel encolado; Cabeza con pipa, 1913, carboncillo, papel encolado y con alfileres; Cabeza de muchacha, primavera de 1913, óleo sobre lienzo; Bodegón «bass», 1913, lápiz y acuarela sobre papel marrón claro; Violín, 1914, carboncillo y papel encolado; Bodegón con botella de Bass, 1914, carboncillo, lápiz y acuarela sobre papel ocre; Minotauro, 1 de enero de 1928, carboncillo y papel encolado; Mujer con palomas, 1930, pastel; Confidencias, 1934, óleo, papel encolado y aguada; Dos mujeres en la playa, 1956, óleo sobre lienzo.
Toda colección se confunde con las pasiones de la persona que la ha constituido. Bajo ese punto de vista, Marie Cuttoli y Henri Laugier aportan un testimonio ejemplar no solo de las artes de su siglo, sino también de la vida de las artes. Su colección da cuenta de la creación, de los movimientos, de las corrientes y de aquellos que los han apoyado. De un valor histórico innegable, restituye los entusiasmos y las convicciones de su época. Testigos de la complejidad del arte moderno, su curiosidad les permitió mezclar los grandes nombres con otros caídos en el olvido. En esas singularidades insiste Jean Cassou, en el prólogo que escribió para presentar el conjunto de la donación al Museo de Arte Moderno: «Esta colección no obedece solo a la elección intelectual, sino que es obra del fervor, reunida en función de los entusiasmos y en un comercio espiritual constante con los artistas». Una presentación importante de las obras tiene lugar en noviembre de 1970, en la galería Beyeler de Basilea, y Jean Cassou firma el texto del catálogo. Parte de la colección se venderá posteriormente en beneficio del CNRS. Finalmente, Marie Cuttoli donará una suma importante a la Fundación de Francia.
Se retiran juntos a la Costa Azul y siguen visitando regularmente a su amigo Picasso. Henri Laugier, este «ciudadano del mundo, el centro de una inmensa red internacional de hombres y de mujeres que inspira este civismo nacional e internacional» según la expresión de Georges Fischer[3] fallece el 19 de enero de 1973, justo antes que Picasso.
Marie se dejará morir voluntariamente para reunirse con su compañero, lo que hizo unas semanas después, el 23 de mayo, con su discreción habitual.
Bernadette Caille
Fuentes:
Dominique Paulvé, Marie Cuttoli. Myrbor et l’invention de la tapisserie moderne. Norma Editions, 2010.
Histoire de l’art contemporain, prólogo de Henri Laugier. Cahiers d’Art, 1938.
Jean Leymarie, Les Picasso de la donation Cuttoli-Laugier au Musée national d'art Moderne, Réunion des musées nationaux, sd.
Réalités Fémina-Illustration, n° 162, julio de 1959.