Guillaume y Pablo salían juntos, comían juntos, se reunían cerca de la estación de Saint-Lazare, se abrazaban sin motivo, arreglaban el mundo. Picasso a menudo dibujaba con humor a su amigo. Ambos ocupaban un lugar importante en la vida del otro. Apollinaire dejó Le Vésinet, donde vivía con su tiránica madre, para instalarse en la rue Henner, en Montmartre (y comenzó una relación con Marie Laurencin, que sería la inspiradora de su célebre poema «Le Pont Mirabeau»). A nadie le pasaba desapercibida su complicidad. Se dedicaban poemas o pinturas, intercambiaban puntos de vista sobre el mundo y la vida. Apollinaire inició a Picasso en los textos eróticos, de los que se había vuelto un experto. Picasso está presente en la portada de Alcools y de Calligrammes. El primer frontispicio es un retrato de Apollinaire que se puede calificar de «cubista»; el segundo ilustra poemas calificados a su vez de «cubistas». La obra de Apollinaire está menos presente en la de Picasso, pero qué más daba, si ambos se emocionaban con el trabajo del otro. Apollinaire sería, durante toda su carrera, como columnista y crítico de arte, un ferviente defensor de su amigo.
A Picasso le gustaba la presencia de ese compañero, sus ganas de vivir, su sentido de la provocación, su desparpajo comunicativo y su enorme talento para la escritura. Por su parte, Apollinaire se admiraba de la mente en permanente cuestionamiento del pintor, sus incesantes búsquedas formales, su insaciable anhelo de descubrimientos artísticos, su curiosidad por todo lo que le rodeaba. En uno de sus cuadernos de notas, el poeta recogía así, en 1907, el periodo de génesis de Les Demoiselles d’Avignon: «Una tarde, cena en casa de Picasso, veo su nueva pintura: mismo tono en los colores, rosas de carne, de flores, etc., cabezas de mujeres similares y sencillas cabezas de hombres también. Lenguaje admirable que ninguna literatura puede reflejar porque, por desgracia, nuestra palabras están hechas de antemano»[1]. Los dos artistas se entendían incluso sin palabras: deseaban ir más allá en la creación, asumir riesgos, redefinir los cuerpos, el espacio, el tiempo. El joven poeta quería dilatar el ritmo de sus versos.
[1] Picasso/Apollinaire, correspondance, op.cit., pp. 10-11.