Instalaciones en Montparnasse

Me gusta el arte actual porque me gusta la luz por encima de todo y a todos los hombres les gusta ante todo la luz, ellos inventaron el fuego. Apollinaire, 1913[1]

Apollinaire fue testigo privilegiado de la evolución de la obra de su amigo mientras preparaba el libro Les Peintres cubistes, en el que recogía las búsquedas más recientes de Picasso. El entusiasmo del poeta por la pintura de Picasso vuelve a ponerse de manifiesto en la serie de artículos sobre arte contemporáneo que publicó en 1912. Picasso, por su parte, inició ese mismo año una nueva vida. Dejó Montmartre y a su compañera Fernande para instalarse en Montparnasse con su nuevo amor, Eva. Este barrio popular atraía a numerosos artistas y se convirtió en el centro de la vida cultural de la capital. Todavía relativamente poco explotado y asequible, ofrecía estudios a módicos alquileres y cafés baratos e indulgentes con los artistas sin dinero que se reunían en ellos a diario. La historia del barrio está íntimamente ligada a los prestigiosos nombres de los que allí encontraron refugio. Apollinaire a su vez abandonó Montmartre y el Bateau-Lavoir para reunirse con su amigo ya instalado en el boulevard Raspail. Seguía con especial atención las nuevas indagaciones de Picasso, obras cubistas realizadas con materiales de desecho. La cercanía entre los dos amigos se pone de relieve en esta breve misiva de Picasso desde Sorgues: «Querido Guillaume, ya habrás recibido la carta y la postal que te envié ayer desde Aviñón. Probablemente salga el lunes por la tarde de Aviñón y esté en París el martes por la mañana. En cuanto llegue, quedamos y elegimos las fotos. Tu viejo amigo, Picasso» [2].

 

El año 1913 comenzó en Francia bajo los mejores auspicios. Picasso se encontraba feliz en Montparnasse. Apollinaire y él seguían muy unidos. Picasso le escribió: «Querido Guillaume, he recibido tu libro Alcools. Sabes lo mucho que te quiero y la alegría que me da leer tus versos. Estoy muy contento […]»[3]. Sabemos lo mucho que le gustó el libro al pintor, por su concepción, sus referencias históricas, su organización y su ausencia de puntuación. Ambos artistas cuestionaban las reglas que rigen la comprensión y la lectura de un texto. Ambos compartían una cultura del amor, de la modernidad y del erotismo asumido que sublimaban la crudeza del relato o de la pintura. Alcools, obra plural, polifónica y experimental que reunía en un volumen quince años de creación poética, marcó un hito en la literatura francesa.

 

En Montparnasse se formó un grupo de artistas compuesto por Picasso, los Derain (Alice y André), Severini, Boccioni, De Chirico, André Salmon y, por supuesto, Max Jacob. Apollinaire y Picasso observaban atentamente la modernidad urbana, ese mundo en frenética transformación. Apollinaire traducía a palabras los sentimientos que le provocaban las formas nuevas que iba descubriendo. Mediante un lirismo delicado, una expresión infinitamente variada y una gran audacia formal dio un impulso decisivo a la poesía. La frecuentación de los círculos artísticos modernos llevaron a Picasso y Apollinaire a soñar junto a ellos con un mundo disruptivo modelado por una imaginación decididamente activa y abocada al futuro.

En el mes de julio de ese mismo año, Apollinaire le envió a Picasso, que se había trasladado al sur de Francia, una larga carta y unos poemas que estaba componiendo, como «La Pipe et le Pinceau».

 

[1] Apollinaire, Les peintres cubistes, 1913.

[2] Carta de Picasso a Apollinaire, fechada el 22 de septiembre de 1912. Las fotos en cuestión estaban destinadas a aparecer reproducidas en Les Peintres cubistes. Picasso/Apollinaire, correspondance, op.cit., p. 96.

[3] Carta del 29 mayo de 1913 conservada en el Musée national Picasso-Paris.

Retrato de Guillaume Apollinaire para Alcools, publicado en 1913.
Paris, musée national Picasso-Paris.
Picasso en el estudio de la rue Victor-Schœlcher, París, junto al cuadro Instrumento musical sobre una mesa pedestal. Fotografía anónima, hacia 1915-1916.