Amaba tanto las artes que me hice artillero. Apollinaire, 1916
La declaración de guerra de 1914 marcó un punto de inflexión en la vida de todos y desempeñó un papel fundamental en la del poeta patriota. Picasso, gracias a la neutralidad de España, pudo permanecer en París; en cambio, Braque, Léger y Derain fueron movilizados y Marie Laurencin, casada con un artista alemán, tuvo que abandonar Francia. Apollinaire quiso alistarse, lo que era, según Picasso, su manera particular de hacerse perdonar el funesto episodio de su arresto y su estancia en prisión. El 22 de diciembre, Picasso le escribió una carta acompañada de un retrato del poeta vestido de artillero: «No creas que se trata de un obús estallando en el cielo de tu retrato, [es] el sol más hermoso asomando entre las nubes»[1].
Los años siguientes fueron muy difíciles: Eva enfermó gravemente y acabó muriendo a finales de 1915, mientras que Braque resultó gravemente herido en el frente. En 1916, le llegó el turno a Apollinaire, quien, el 17 de marzo, resultó alcanzado en la sien derecha por una esquirla de obús. Le realizaron una primera trepanación antes de evacuarlo a París, al hospital Val de Grâce, a finales de marzo. Al llegar, le pidió a su amigo que le fuera a visitar: «Querido Pablo, ven a verme hoy si puedes. Estoy en el Val de Grâce, habitación n° 13. Pregunta por Kostrowitzky. Tu amigo, Guil Apol»[2]. Picasso lo fue a ver y realizó el famoso dibujo de su amigo con la cabeza vendada.
A pesar de la herida, Apollinaire continuó trabajando en una nueva colección de poemas, Calligrammes, que abrió un mundo de posibilidades a la poesía del siglo XX. Su libro se convertiría en el símbolo de la vanguardia para toda una nueva generación ávida de novedades. El 31 de diciembre de 1916, Picasso organizó un banquete en homenaje al poeta, muy debilitado pero aureolado de prestigio por su herida y la cicatriz que le cruzaba el cráneo.