Abandoned artists, a very distressed merchant

Estas ventas supusieron un auténtico desgarro para Daniel-Henry Kahnweiler, profundamente afectado por la pérdida de sus colecciones, así como por el perjuicio sufrido tanto en el aspecto moral como en el económico. Además, la guerra y el exilio, al no permitirle mantener a los artistas de la galería, provocó que muchos de ellos decidieran irse con otros marchantes, en particular con Léonce Rosenberg (uno de los que organizaron las ventas de las obras de la galería de su colega) o sufrieron graves dificultades económicas durante este turbulento periodo.

Picasso se lo reprochó amargamente, acusándole de haber abandonado a los artistas de la galería a su suerte y de no haberle pagado los 200.000 francos que le debía, tal vez incluso intencionadamente, o al menos eso es lo que dio a entender al mencionar el tema. Sobre este espinoso asunto, Kahnweiler, apenado por el conflicto, explicó sus motivos tratando de recuperar la confianza de su amigo: simplemente no le había sido posible, dada la situación política, disponer libremente de un dinero bloqueado en el banco, cuando él mismo estaba viviendo a crédito. «Tu actitud conmigo desde 1914 ha sido un misterio para mí. Pero ahora no se trata de eso sino del futuro. [...] Se ha debido producir algún malentendido entre nosotros y a ambos nos interesa resolverlo. Al principio de la guerra, no contestaste a ninguna de mis cartas [...]. Pero luego presentaste una denuncia contra mí y desde entonces no has parado de perseguirme con una inquina que no creo merecer. […] Hubo un tiempo en que confiabas plenamente en mí. Éramos amigos, o al menos eso me parecía. […] Hubo un tiempo en que pude echarte una mano. Nuestras relaciones no eran las habituales entre pintor y marchante. Hice por ti todo lo que pude y me alegró poder hacerlo. […] He escrito, quizás ya lo sepas, un libro sobre la génesis del cubismo que aparecerá dentro de poco. Te lo enviaré. También me he comprometido a escribir otro solo sobre ti. Ya lo he empezado y aparecerá a finales de año. Estoy firmemente convencido de que tu respuesta disipará este lamentable malentendido, pues no podría ser de otro modo, y que reanudaremos una amistad que figura entre los recuerdos más hermosos de mi vida».[1]

 

[1] Extractos de una carta del 10 de febrero de 1920 de Daniel-Henry Kahnweiler a Picasso, enviada desde Berna pocos día antes del regreso del galerista a París. Publicada en Les archives de Picasso. « On est ce que l’on garde ! », RMN, 2003.