"Olga, bailarina" en la obra de Picasso

Entre febrero y junio de 1917, Picasso tuvo la oportunidad de ver bailar a su nueva novia sobre todo en papeles de esclava y princesa oriental.29 La presencia de la bailarina en Las Meninas, el 9 de abril en el Teatro Costanzi de Roma, debió de parecerle divertida habida cuenta de su interés por el cuadro de Velázquez. El caso es que poco después la representaría con la tradicional mantilla española.30 No obstante, las obras de Picasso de esta época, con excepción de los encargos de Diághilev, demuestran que al artista le interesaba menos la bailarina «folclórica» o «española» que la bailarina de ballet en el registro clásico de la compañía, y aunque el ballet Les Sylphides —en el que Olga intervino, por ejemplo, el 9 de abril en el Teatro Costanzi— era poco representativo del repertorio de Khokhlova, por lo visto esta obra llamó especialmente la atención del pintor.31 

Compuesto por Fokine para el Mariinsky en 1907, Chopiniana —rebautizado Les Sylphides por Diághilev, en 1909— está inspirado en La Sylphide, un famoso ballet francés creado por Filippo Taglioni para su hija Marie y estrenado en la Ópera de París en 1832. Théophile Gautier señaló en varias ocasiones la importancia de esta obra —el primer ballet romántico,32 que lanzó la carrera de la gran bailarina—, en la que por vez primera aparecieron en escena las bailarinas vestidas con tutús blancos (el diseño era de Eugène Lami) y calzando zapatillas de satén, es decir, la imagen de la bailarina clásica como fue ensalzada por Degas, canónica hasta nuestros días. La armonía exhibida por el cuerpo de baile, los efectos de luz y de elevación de las bailarinas, la delicadeza del vestuario y el dominio de la técnica de las puntas de ballet por Taglioni contribuyeron a hacer de La Sylphide una obra extraordinariamente popular y convirtieron la figura de la bailarina en un icono de la moda:33 los trajes de primera comunión y boda no tardarían en adoptar las muselinas blancas y las coronas de flores virginales.34 Importado por Rusia en 1837,35 el ballet había desaparecido del repertorio de la Ópera de París en 1863, pero la adaptación original de Fokine supuso su resurrección. Seducido por el decorado, «la púdica gracia» de las bailarinas con sus «faldas de nieve y plumas»36 y la pantomima de La Sylphide, conocidos por litografías (fig. A1-2), el coreógrafo ruso abundó en el carácter romántico de la obra al escoger obras para piano de Chopin como acompañamiento musical, orquestadas inicialmente por Glazunov y después por Stravinsky.37 Fokine extremó aún más la abstracción de esta primera obra con una suite de danzas desprovista de trama argumental pero evocadora del universo poético de La Sylphide y el ensueño amoroso del hombre (en 1917, Alexandre Gavrilov) y la mujer (Lydia Lopokova), arropados por las compañeras de ésta (el cuerpo de baile, en el que figuraba Olga). La obra de Fokine, éxito indiscutible de la compañía durante sus veinte años de existencia, marca el renacimiento del ballet romántico y vuelve a actualizar una de las figuras más idolatradas del siglo xix: la bailarina. 

En Roma, cuando Picasso le hacía la corte a Olga, ésta se mostraba virtuosamente reacia a ceder. Las amigas de la bailarina, testigos del lance amoroso, se divertían comparando la situación precisamente con Les Sylphides.38 Sobre todo, la estética general del ballet (decorados, vestuario, música y danza) coincidía con el interés de Picasso en aquellos años por la Antigüedad y el clasicismo, y, en general, por la pintura del siglo xix. Los decorados de Benois inspirados en un paisaje de Corot, la sublimación de los cuerpos femeninos avanzando en puntas y envueltos en telas diáfanas, incluso el peinado helenizante de las bailarinas, todo ello conformaba una estampa pseudoclásica. Por añadidura, en el ballet blanco y la bailarina clásica —símbolo de pureza y objeto de deseo, cuya sola aparición en escena supone la presencia en la sala de espectadores masculinos en busca de ese ideal femenino— también era posible ver un homenaje a la obra de Degas. En un momento en que Picasso tomaba conciencia por primera vez de la complejidad escénica de su propia obra, el fenómeno de «cristalización» afectiva y estética que suponía ver en escena a Olga interpretando su papel en Les Sylphides, probablemente contribuyó a fomentar el diálogo del artista con el pasado,39 retomado a partir de 1914, y a asociar a su nueva musa con la imagen romántica de la bailarina, personificación de la mujer ideal.

 

29 La joven bailarina bailó, por ejemplo, en Les Sylfides, El príncep Ígor, Danses Polovtsiennes, El pájaro de fuego, Les Contes Russes, Soleil de nuit, Pétrouchka, Shéhérazade, Carnaval, Les Papillons, Nuit de mai, Les Femmes de bonne humeur y Las Meninas.

 

30 Olga con Mantilla, Barcelona, 1917, colección privada, Museo Picasso Málaga (Z III,  40).

 

31 La biografía de Picasso permite suponer que el pintor asistió al menos a esta representación o a la del 18 de mayo en el Châtelet, y tal vez también a los ensayos, que, según el príncipe Peter Lieven, se desarrollaban siempre en escena. Birth of the Ballet Russe, Londres, Allen & Unwin, 1936, p. 81; citado en John Gregory, Les Sylphides – Chopiniana. Personal Reflections on Michel Fokine’s Masterpiece, Llandysul, Zena Croesor, 1989, p. 16-17.

 

32 «Mademoiselle Taglioni a dansé La Sylphide – c’est tout dire. Ce ballet commença pour la chorégraphie une ère toute nouvelle, et ce fut par lui que le romantisme s’introduisit dans le domaine de Terpsichore», T. Gautier, «1er Juillet 1844. Opéra: dernière représentation de Mademoiselle Taglioni», Histoire de l’Art dramatique depuis vingt-cinq ans, París, Hetzel, 1859, p. 223-227 [225].

 

33 «–Pour moi, je me réserve, baronne, au plaisir de voir la Taglioni dans la Sylphide; il paraît qu'elle y exerce une irrésistible attraction et que les soirs où elle paraît, il y a foule. – Comment, ma chère petite, vous ne l'avez point vue encore...; mais c'est insensé! Hâtez-vous vite...» Octave Uzanne, «Les Parisiennes de 1830», Les Modes de Paris, Variations du goût et de l’esthétique de la femme, 1797-1897, París, L. Henry May, 1898, n. p

 

34 A la inversa de la influencia que ejerce la moda sobre las artes escénicas, ya que el tutú proviene de los trajes abombados de la década de 1820 y las puntas están basadas en los zapatos de noche.

 

35 Petipa estrenó su versión de Les Sylphides en 1892.

 

36 Camille Mauclair, La Revue, París, 1 de agosto de 1910.

 

37 La Sylphide tenía música de Jean-Madeleine Schneitzhoeffer.

 

38 «Morceau poétique./Faire des vers n’est pas difficile/En l’honneur de la beauté/Que Picasso aime à la folie./Plaisante serait l’union/De l’artiste et de la ballerine./Que les liens conjugaux, je le souhaite,/Vous arrachent aux sylphides./Ce morceau lyrique,/Je le dédie à l’amour nouveau,/Nous attendons que Picasso/Avec la Khokhlova s’explique.» Poema sin firma, escrito en cirílico al dorso de una carta de Picasso a Apollinaire  durante su estancia en Roma; en Caizergues; Seckel, Picasso / Apollinaire, op. cit., p. 148149 (trad. al francés de Blanche Grinbaum-Salgas).

 

39 Ver, por ejemplo, el cuadro El pintor y su modelo, Aviñón, verano de 1914, París, Musée national Picasso, MP53.

 

 

Coloured litograph by R. J. Lane after A. E. Chalon depicting Marie Taglioni, 1831, The Royal Ballet School Collections, White Lodge Museum