La subasta pública de la colección de La Piel del Oso se convertiría en el gran acontecimiento del París artístico y mundano a principios del año 1914. De hecho, comienza una verdadera campaña de márketing alrededor de la colección y de su venta: cuidando todas las etapas, Level renueva el género y crea un acontecimiento excepcional. Un catálogo muy completo, que incluye un prólogo explicativo y grandes reproducciones, se reparte por las galerías Bernheim-Jeune y Eugène Druet, cuyos directores aceptan actuar como expertos en la venta ante el comisario-tasador Me Baudouin. En algunos ejemplares de lujo incluso se añaden dieciséis planchas de ilustraciones fuera de texto de muy alta calidad.
Aconsejado por los hermanos Josse, Level solicita dos días de exposición pública, de los cuales el primero estaría reservado a los profesionales, y pide para la venta «las dos salas conectadas del Hôtel Drouot a las que se accede por la escalinata de honor de la calle Grange-Batelière». Como explica después, estas condiciones no eran nada habituales: «En esa época, solamente se conseguía ese local declarando una venta susceptible de alcanzar los (100.000) cien mil francos-oro, que yo tuve el atrevimiento, por consejo suyo, de formular, aunque ni los expertos, ni el comisario-tasador ni yo mismo podíamos esperar un importe así ,y yo vislumbraba el pago de la multa correspondiente por un resultado insuficiente»[i]. La presentación de las obras en la exposición está particularmente bien planificada, con una clasificación por artistas que se desmarca del batiburrillo habitual de las ventas de Drouot. Halagada por unos, criticada por otros, la publicidad hecha alrededor de la subasta, junto con los contactos de André Level en los medios parisinos, funciona. El todo París está informado y la prensa lleva anunciando el acontecimiento desde el mes de enero. El 26 de febrero de 1914, se leía en Le Figaro: «Los aficionados que vayan apresuradamente a la exposición particular del 28 febrero –entrada por la calle de la Grange Batelière – y a la exposición pública del domingo 1 de marzo, constatarán las curiosas antítesis del espectáculo ofrecido por la colección de la ‘Piel del Oso’»[ii].
Numerosos testimonios y reseñas nos permiten describir el ambiente del evento, subrayando la modernidad del proyecto y de los artistas presentados. Guillaume Apollinaire declara en Mercure de France: «Lunes 2 de marzo de 1914… tuvo lugar la subasta pública de una colección que se hará célebre. La de La Piel del Oso… Era la primera vez que las obras de pintores nuevos, fovistas o cubistas, se enfrentaban a una subasta»[iii]. El crítico André Warnod prosigue en Comœdia: «era la primera vez que se veía en una venta pública un conjunto tan completo de obras modernas, obras totalmente de vanguardia y cuyos autores forman o formaban parte de esos ‘locos’ de los que las multitudes se ríen en el Salon des Indépendants»[iv], mientras que André Salmon transcribe el acontecimiento con la misma efervescencia: «El lunes 2 marzo de 1914, a las dos de la tarde. Fecha memorable… Esta venta será una especie de estreno de un Hernani de la pintura»[v], verdadero combate para imponer el arte joven y decididamente innovador.
[i] Level, Souvenirs, p. 28.
[ii] Valemont, «Les Grandes Ventes», Le Figaro, 26 de febrero de 1912, p. 7.
[iii] Apollinaire, Mercure de France, 16 de marzo de 1914, p. 433.
[iv] André Warnod, «La Vente de la Peau de l’Ours», Comœdia, 3 de marzo de 1914.
[v] André Salmon, Souvenirs sans fin, Gallimard, París, nueva ed. 2004, pp. 658-659.