Venta triunfal en todo París

La sala está a rebosar. El testimonio de Seymour de Ricci en Gil Blas[i] nos ofrece un panorama completo de la escena. Los numerosos periodistas, artistas, aficionados, simples curiosos y defensores del arte moderno se disputan «las sillas como los sándwiches de un bufé». Entre el público: la condesa Antoine de La Rochefoucault, el príncipe Bibesco, el doctor Desjardins, los críticos André Warnod, André Salmon, Max Jacob y Guillaume Apollinaire, el modisto Paul Poiret, el director de Teatro Jacques Hebertot, Paul Jamot del Museo del Louvre «que no va a comprar», y Léon-Jacques Blocq, jefe de gabinete del ministro Paul Jacquier, que ha venido «a título privado».

Algunos miembros de la asociación asisten al evento: los hermanos Raynal, Robert Ellissen, e incluso los allegados Georges Ancey y Maurice y Emile Level. Los marchantes extranjeros superan en número a sus colegas franceses: Alfred Flechtheim de Düsseldorf, Gaspari de Múnich, Gutbier de Dresde y Heinrich Thannhauser, de Alemania en general, pero también Daniel-Henry Kahnweiler que, asentado en París, defiende a Picasso desde hace ya casi siete años. Asimismo encontramos a Gustave Coquiot y a Ambroise Vollard. Los grandes ausentes son los propios artistas jóvenes, probablemente angustiados por verse lanzados al ruedo. Gleizes y Metzinger han acudido, pero no así Picasso.

¡La venta es todo un triunfo! Se han vendido todas las obras por un total inesperado de 106.250 francos, pagadero en francos-oro (hay que multiplicar los importes por 200 para obtener la cifra actualizada en francos). Se puede consultar una lista de precios casi completa en Le Figaro del 3 de marzo de 1914[ii]. Entre los resultados más llamativos: 1300 francos por los pasteles de Redon, 2400 francos por la Dama de azul de Vuillard, e incluso 4200 francos por las flores de Van Gogh, pero los más altos han correspondido a los artistas de menos renombre: Matisse, cuyo Bodegón con naranjas alcanza los 5500 francos, y Picasso, que ofrece, con su gran composición Los titiriteros (Fig.8), «el plato fuerte de la subasta», adquirido a 11.500 francos por el marchante alemán Thannhauser.

Este lienzo monumental, que representa a una familia de saltimbanquis, representativos de su época rosa, llevaba varias semanas siendo objeto de rumores sobre si iba a ser comprado por el Estado o por importantes coleccionistas americanos o rusos, como daba a entender Picasso desde 1908. De hecho, Kahnweiler envió una carta casi idéntica, el 20 febrero, a los dos grandes coleccionistas rusos Chtchoukine y Morozoff, en la que les proponía enviarles el catálogo de venta e incluso pujar en su nombre sin cobrar comisión, señalándoles Los titiriteros como la obra estrella de la venta. Su éxito es aún más destacable si tenemos en cuenta que el lienzo estuvo enrollado más de cinco años porque no había ningún sitio donde poder colgarlo.

 

[i] Seymour de Ricci, «La Peau de l’Ours», Gil Blas, 3 de marzo de 1914, p. 4.

[ii] Valemont, «La Peau de L’Ours», Le Figaro, 3 de marzo de 1914, p. 6.

Picasso, Les bateleurs, 1905, National Galerie Washington