Marie Cuttoli (1879-1973), la mayor de tres hermanos, pasa los primeros años de su vida en Tulle (Francia). Su carácter se revela desde muy pequeña: prefiere observar a hablar. Y ya sabe lo que no quiere: estudiar para luego fundar una familia. Su curiosidad por el mundo que todavía no conoce, su interés por las telas y la costura la ayudarán a rechazar el conformismo predominante, que no le atrae mucho. Ella quiere hacer otras cosas en la vida, aunque todavía no sabe cuáles. En plena crisis de identidad, le cuesta mucho construir una imagen convincente de sí misma.
Cuando cumple 16 años, «sube» a París con su familia, que se instala en el barrio popular del Marais. Sabemos poco de su juventud. Pero parece que ya demostraba su gusto por el arte y los artistas. En estos comienzos del siglo XX, París se enorgullece de convocar cada año cuatro grandes manifestaciones artísticas de corrientes opuestas: el Salón de los Artistas franceses, la Nacional de las Bellas Artes, el Salón de Otoño y el Salón de los Artistas independientes, «sin jurado ni premio» y vilipendiado por los otros tres. Los años pasan y Marie no encuentra su camino antes de un primer matrimonio, que parece más o menos concertado por su familia. La discreta joven tiene 28 años y sus padres se desesperan. De modo que se casa con Jean-Baptiste Plantié, prefecto de su estado. El novio tiene 52 años y la pareja se instala en un apartamento señorial de la calle de Galilée, pero esta unión se salda con un divorcio el 31 de mayo de 1913. Paul Cuttoli, amigo de su marido hasta que se alejaran por diferencias políticas, es el abogado de Marie en la separación de la pareja. Es un hombre brillante, apasionado por la política. Está considerado como uno de los mejores abogados de Argelia y además dirige un periódico fundado por él: La Dépêche de Constantine. Por si fuera poco, también es diputado de Constantina (Argelia). Socialista radical, es uno de los miembros más eminentes de su partido y presidirá la asamblea constituyente de Argelia después de la Liberación de Francia. Marie en seguida se instala en su apartamento parisino. Al principio de su relación, manda construir para su compañera, en Philippeville (actual Skikda, Argelia), una villa magnífica, rodeada de bancales y jardines, a la que llamará Dar Meriem («la casa de Marie»). La casa tiene más encanto que lujos y Marie se esforzará mucho para hacerla confortable y atractiva. Junto a Paul Cuttoli aprende el arte de recibir. Cuando está en París, frecuenta los museos y las galerías, sobre todo la de Paul Guillaume, en la calle de Miromesnil. Le atrae más la creación artística que el entusiasmo naciente por la moda rusa, muy en boga en esa época. Marie, muy templada, se inclina más por los cortes sobrios y fluidos de la ropa en blanco y negro. En Argelia adopta la chilaba de las mujeres de la tierra. Prefiere comprar arte antes que joyas y se interesa por los pintores jóvenes y poco conocidos entonces. Así, adquiere un Braque, dos Mirós y un pequeño Picasso.