Françoise Gilot compartió durante una década la vida de Picasso, entre 1943 y 1953. Joven artista de talento, luminosa y jovial, lo conoció en el Catalan, el restaurante de la Rue des Grands-Augustins cercano al estudio del pintor. Picasso, que vivía con Dora Maar, inquieta y sombría, quedó deslumbrado por la vitalidad de Françoise y la invitó a visitar su estudio, invitación que ella aceptó. Mujer independiente y de carácter, Gilot no se dejó engañar, sino que a partir de ese momento inició con Picasso una relación sentimental de la que nacerían dos hijos, Claude en 1947 y Paloma en 1949.
La posguerra fue la época de la reconstrucción de un país agotado por el conflicto, en un marco de tensiones políticas y una economía en ruinas. Racionamientos, depuraciones y deseos de paz marcaron la cotidianidad de los franceses. Picasso y Gilot se instalaron primero en Antibes y luego en Vallauris, en La Galloise, cerca del estudio Madoura de Georges y Suzanne Ramié, con quienes Picasso se inició en la cerámica.
Los años más felices de su vida en común fueron los tres primeros, según Françoise Gilot, quien buscaba, más allá de su relación, afirmar su personalidad, sus deseos y esperanzas, sin depender de un hombre, aunque fuera un artista genial reconocido internacionalmente que la pintaba como «femme-fleur».
Françoise Gilot retomó la pintura, optando por un minimalismo opuesto al estilo de Picasso. Luego, a partir de 1951, le fue añadiendo cada vez más color a su obra, como ella misma explica en sus memorias. Continuó con su búsqueda personal: «No pinto lo que miro, sino lo que me mira» afirmaba encantada. De ahí la multiplicidad de sus enfoques, su relación con las formas y los colores. Soberana y exigente, tanto en su trabajo como con ella misma, decidió separarse de Picasso para continuar con su vida de artista y se instaló en Nueva York. Autora de Vivre avec Picasso, que publicó en 1964, mucho después de su separación, provocó la ira del pintor, quien, indignado de que revelara su intimidad, incluso trató de prohibir el libro.
En los varios documentales que se le han dedicado, se descubre a una mujer excepcional, magnífica, llena de entusiasmo, dinamismo y alegría de vivir que con palabras sobrias y sinceras habla de su proceso creativo, su historia personal y sus búsquedas. En vísperas de su centenario, es probable que el movimiento internacional a favor de las mujeres artistas devuelva en Francia al lugar que le corresponde la obra de Françoise Gilot, feminista y rebelde adelantada a su tiempo, empeñada en la búsqueda de la libertad de expresión y de creación. Una exposición (Françoise Gilot, les années françaises, en el Musée Estrine de Saint-Rémy de Provence) y un coloquio en el mismo escenario el 7 de diciembre rinden homenaje a esta gran artista que en la vida aconseja ser «simplemente una misma».