Picasso, «el extranjero»

Una síntesis impresionante que abarca tanto la vida del artista como un siglo de la historia de Francia, de sus ideas y conflictos, el libro de Annie Cohen-Solal se lee como una novela cuya fluida escritura introduce al lector en una extraordinaria epopeya. El propósito de la autora es mostrar las vicisitudes, los rechazos administrativos y las decepciones a los que se enfrentan los extranjeros instalados en el país. Por ilustre que fuera en vida, Picasso no se libró de las molestias y argucias de funcionarios arrogantes. Desde 1901 estuvo «vigilado» por los servicios de información que fueron elaborando al albur de los acontecimientos políticos un expediente (expediente de extranjería n° 76.664, jefatura de policía, Dirección General de la Policía) en el que figuran sus diferentes peticiones y las correspondientes respuestas. Annie Cohen-Solal ha llevado a cabo un trabajo de investigación exhaustivo; por ejemplo, ha descubierto la identidad del autor del funesto informe del 25 de mayo de 1940, cuyo contenido sumamente crítico y violento impidió al artista obtener la nacionalidad que había solicitado oficialmente. Picasso incluso llegó a ser considerado «sospechoso» según los criterios de la época.

La autora nos informa de las opiniones de Picasso, de sus dudas, de sus angustias en ocasiones, de sus difíciles comienzos, de sus amistades, de sus opciones políticas y de la evolución de su trabajo. Nos habla del entusiasmo de los jóvenes conservadores de museos, como Alfred Barr en Estados Unidos, y de la renuencia en Francia a reconocer el talento de este artista, claramente «extranjero», que quería dar lecciones a los pintores académicos consagrados. Críticos despiadados, políticos descreídos y asistentes perplejos de sus exposiciones; Picasso no se ahorró nada mientras su reputación internacional no dejaba de crecer.

En el curso de sus investigaciones, Annie Cohen-Solal ha reunido notas, testimonios, cartas, recuerdos publicados y fotografías, y nos hace compartir su emoción con cada descubrimiento. ¿La conducta de Picasso vino determinada por su estatus? En ocasiones desde luego, sobre todo durante el sombrío periodo de la Ocupación, especialmente complicado para los «extranjeros» y agravado en el caso de Picasso por su apoyo a los republicanos españoles.

Tratado primero de anarquista y luego de peligroso comunista, la sospecha de las autoridades no dejó de perseguirle. Ausente de las colecciones públicas francesas hasta 1947, el «camarada» Picasso, muy solicitado tras su afiliación al PCF en 1944, hábilmente publicitada por el partido, donó cuadros y dibujos a las poblaciones que se los solicitaron. En 1947, Jean Cassou (director del Musée national d'Art moderne) y Georges Salles (director de los Musées nationaux) lograron incorporar magistralmente al artista al Musée national d'Art moderne junto a otros creadores contemporáneos hasta entonces ignorados por las instituciones. Marcado por el gélido desprecio del que había sido objeto por parte de la administración, Picasso se tomó la revancha: eligió meticulosamente las diez obras que él juzgaba significativas de su evolución personal y las donó, rechazando la cantidad propuesta para su adquisición, que para entonces ya no necesitaba. Una ayuda que le habría resultado tan preciada en décadas anteriores…

Fiel a sus amigos y a sus convicciones, Picasso atravesó el siglo zarandeado por los avatares de la historia. Este libro pone de manifiesto la condición poco envidiable del extranjero en tierra extraña. A través de este recorrido excepcional, la política migratoria revela sus pequeños secretos, tanto sus infamias como sus estrictas reglas y sus consignas.

 

Annie Cohen-Solal, Un étranger nommé Picasso, Editions Fayard, 2021, 730 páginas, 28€.

Picasso et Sebastià Junyer i Vidal arrivent à la frontière, París, 1904
Museu Picasso, Barcelona. Donation Sebastià Junyer i Vidal, 1966.</br> Photo : Gasull Fotografia/Museu Picasso Barcelona.