La Venus de Lespugue fue descubierta en agosto de 1922 en Lespugue, en la cueva de Rideaux, una cavidad ubicada en las gargantas del Save, en la región de Haute-Garonne. Se encontraba en el fondo de un asentamiento prehistórico y recibió el nombre de «venus» atribuido a las figuras femeninas esculpidas. Su estructura romboidal evidenciaba un pensamiento simbólico y una elaborada realización. Picasso compró dos vaciados de esta venus excepcional probablemente a finales de los años 20.
A principios del siglo XX, los descubrimientos prehistóricos fascinaban al público y particularmente a los artistas de vanguardia, maravillados por una «historia del arte» aún desconocida y hasta entonces curiosamente ignorada que sin embargo presentaba manifestaciones muy sorprendentes. Picasso formaba parte de esa corriente. Se sabe de su permanente interés por las formas artísticas diferentes, esas «artes primitivas» de orígenes y épocas diversas; por ello el descubrimiento de esta venus no podía dejarle indiferente. A partir del verano de 1927 encontramos, entre su exuberante producción, dibujos, pinturas y esculturas que reformulan la representación del cuerpo femenino. El artista produce volúmenes suaves y abombados, casi obviando el rostro, inspirados en esas formas poderosas pero suaves que hace suyas. La tela Femme lançant une pierre, pintada en 1931, que figura en la primera parte de la exposición, es representativa tanto de su enfoque como de su búsqueda de entonces.
En la exposición dedicada a Picasso y la prehistoria en el Musée de l'Homme, un segundo espacio, «Bestiaire et grands décors», reúne un conjunto de animales y criaturas picassianos cuyo trazo continuo subraya el motivo y las posturas a semejanza de los grupos de animales pintados en las paredes de los yacimientos prehistóricos de España y Francia. A Picasso le gustaban los animales y disfrutaba representándolos. No es de extrañar pues que se sintiera tentado por esta fauna fantasmagórica, atraído por la fuerza y el poder surrealista de estas criaturas de otros tiempos.
La sección titulada «Empreintes et abstractions» expone de manera clara y pedagógica la aparición de referencias visuales de la prehistoria en su obra. Los signos abstractos incisos en la piedra dialogan con sus dibujos, así como la huella de su mano grabada (al azúcar) sobre una plancha de cobre con las que adornan los techos de las cuevas de Altamira o Pech Merle. Esta mano, convertida aquí en sujeto y motivo, sugiere que el artista la equiparó a un acto creativo en la estela de los primeros humanos.
Una cuarta sección, «Objets trouvés», explora la manera en que Picasso miraba, coleccionaba y transformaba los objetos naturales que recogía o encontraba durante sus paseos. Transformados, pintados o grabados con fines estéticos o utilitarios, se hacen eco de los materiales animales o minerales utilizados por los primeros artistas.
En la quinta y última sección de la exposición dedicada a las «diosas primitivas», un conjunto de vaciados de venus prehistóricas dialogan con esculturas de Picasso, entre ellas la Vénus du gaz creada en 1945 a partir de un quemador de gas en posición vertical que el artista describió humorísticamente como una «diosa de los tiempos modernos».
Picasso et la préhistoire, del 8 febrero al 12 de junio de 2023. Una exposición concebida y producida por el Musée de l’Homme, perteneciente al Muséum national d’Histoire naturelle, en el marco de la Celebración Picasso 1973-2023.