La elaboración de una botella

Dejemos a un lado el primer enfoque de este papel encolado, cuyo a-significante aparente provoca al espectator. El acceder al saber recogiendo el desafío de esta provocación supone apostar primero por la existencia de un sentido. Vamos a examinar más profundamente esta obra.

 

Frente a una yuxtaposición de elementos heteróclitos (hoja de periódico, papel pergamino recortado y pegado, trazos de carboncillo, superficie tratada con tinta china), la primera relación, muy general, por supuesto, podría ser la que vincula espacialmente estos elementos.

Picasso explota las propiedades de una hoja de periódico de 62,5 x 44 cm. A lo ancho, la hoja se puede dividir en cinco partes iguales. En ellas, las tres primeras líneas de separación corresponden a trazos marcados con carboncillo. A lo largo, la hoja se puede dividir en seis partes iguales. Las dos primeras líneas están marcadas por trazos de carboncillo, la tercera corresponde al punto medio geométrico de la página, y la última vuelve a estar marcada con carboncillo. La cuadrícula que así se obtiene establece un módulo.

 

La altura de este módulo se remite varias veces a una línea vertical segmentada, a la izquierda de la composición. Esta línea segmentada también indica una segunda medida. Esta medida corresponde a la anchura de una columna de texto. Así, la línea segmentada parece una escala que indica lo siguiente: la anchura de una columna de periódico, la altura de un módulo de página, y la distancia entre los dos; es decir: tres medidas. Estas tres medidas permiten construir el conjunto de elementos en el centro visual de la composición: altura y anchura de las figuras geométricas, arco de las elipses.

 

Este conjunto de referencias pone de relieve zonas plásticas autónomas que forman unidades. La forma de cada una, su copresencia y su disposición rigen su semantismo. De arriba a abajo aparecen un anillo, un cuello (que componen el gollete), un hombro, un fondo (o jable) de botella. La zona del cuerpo, aunque se pueda localizar entre el hombro y el jable, es más problemática.

 

Vamos a examinar primero el papel encolado blanco. Abajo del todo, define el jable como un hueco. Pero, al marcar el exterior del jable de la botella, este resulta legible toda su superficie, pues no se pone de relieve ninguna indicación contraria. El pergamino blanco representa el exterior de la botella en la zona del cuerpo.

Si trazamos mentalmente las paredes de la botella entre el hombro y el jable, obtenemos un cuerpo formado por el paralelepípedo negro y la parte blanca exterior. Si el espectador se desplaza de izquierda a derecha de la obra, por un efecto óptico ve cómo se despega el plano paralelepipédico negro de la superficie blanca al «girar» alrededor de un eje, formando así el interior del cuerpo de la botella. Es como si esta zona, bidimensional en la obra, accediera por ese movimiento del espectador a una existencia en volumen del interior de la botella. 

Volvamos al conjunto de las operaciones efectuadas: hemos creado una escala con tres medidas marcadas. A partir de esas medidas, trazamos líneas y elipses proporcionales, según una distribución vertical, plegamos los planos del anillo y del jable e hicimos pivotar el plano negro. La botella es el resultado de esta serie de operaciones.

El Sujeto «autor» da una serie de instrucciones al Sujeto «espectador», ¡como si fuera una receta de cocina! Esta serie de instrucciones puede analizarse como un relato construido sobre la dimensión pragmática (la dimensión de la acción): se trata del manual de montaje de una botella.

 

Ahora que hemos localizado una botella, la pregunta que se plantea es muy sencilla: ¿qué interés tiene representar de una manera tan oscura esta botella, que, al fin y al cabo, es banal?